John Gatto

One thing I wrote about in an earlier post was that schools don't teach kids how to think for themselves.  I wanted to share an excerpt from an author that those involved in education and  in homeschooling are very familiar with (though he is very new to me).  I feel like he articulates so well much of my own personal history with public school and only cements more my own philosophy regarding education and  institutions of any sort.  It is not that I didn't have some great teachers during my education (though honestly I could count them on one hand).  The glaring fact is that my public school experience reflected quite strongly the things that this man articulates.  The thing that makes me deeply sad about this fact is that as my boys grow up their differences in personality are so obvious and glaring.  That is something to be protected - not squashed under some institution.  My brother came to visit recently and remarked about how he couldn't believe how different our boys are from one another.  This is something I desperately want to protect and encourage.  I want them to be proud of their differences and marvel at the diversity that exists in human life. 

The following excerpt is from an essay by John Gatto called "Why Schools Don't Educate":

1. The children I teach are indifferent to the adult world. This defies the experience of thousands of years. A close study of what big people were up to was always the most exciting occupation of youth, but nobody wants to grow up these days and who can blame them? Toys are us.

2. The children I teach have almost no curiosity and what they do have is transitory; they cannot concentrate for very long, even on things they choose to do. Can you see a connection between the bells ringing again and again to change classes and this phenomenon of evanescent attention?

3. The children I teach have a poor sense of the future, of how tomorrow is inextricably linked to today. As I said before, they have a continuous present, the exact moment they are at is the boundary of their consciousness.

4. The children I teach are ahistorical, they have no sense of how past has predestined their own present, limiting their choices, shaping their values and lives.

5. The children I teach are cruel to each other, they lack compassion for misfortune, they laugh at weakness, and they have contempt for people whose need for help shows too plainly.

6. The children I teach are uneasy with intimacy or candor. My guess is that they are like many adopted people I've known in this respect - they cannot deal with genuine intimacy because of a lifelong habit of preserving a secret inner self inside a larger outer personality made up of artificial bits and pieces of behavior borrowed from television or acquired to manipulate teachers. Because they are not who they represent themselves to be the disguise wears thin in the presence of intimacy so intimate relationships have to be avoided.

7. The children I teach are materialistic, following the lead of schoolteachers who materialistically "grade" everything - and television mentors who offer everything in the world for free.

8. The children I teach are dependent, passive, and timid in the presence of new challenges. This is frequently masked by surface bravado, or by anger or aggressiveness but underneath is a vacuum without fortitude.

 

Una de las cosas que escribí en un post anterior fue que las escuelas no enseñan a los niños a pensar por sí mismos. Quería compartir un extracto de un autor con el que los involucrados en la educación y en la educación en el hogar están muy familiarizados (aunque es muy nuevo para mí). Me siento como que en él se articula muy bien gran parte de mi propia historia personal con la escuela pública y sólo confirma más mi propia filosofía respecto a la educación y las instituciones de cualquier tipo. No es que yo no haya tenido algunos grandes maestros durante mi educación (aunque honestamente yo podría contarlos con una mano). El hecho evidente es que mi experiencia con las escuelas públicas se refleja con mucha fuerza en las cosas que este hombre articula. Lo que me pone muy triste de este hecho es que a medida que mis hijos crezcan sus diferencias de personalidad serán tan evidentes y manifiestas. Eso es algo que debe ser protegido - no aplastado bajo alguna institución. Mi hermano vino a visitarnos recientemente y dijo que él no podía creer lo diferentes que nuestros niños eran entre sí. Esto es algo que quiero desesperadamente proteger y fomentar. Quiero que estén orgullosos de sus diferencias y se maravillen con la diversidad que existe en la vida humana.

El siguiente extracto es de un ensayo de John Gatto llamado "¿Por qué las escuelas no educan":

1. Los niños que enseño son indiferentes al mundo adulto. Esto contradice la experiencia de miles de años. Desde siempre, estudiar detenidamente el mundo adulto fue la ocupación más emocionante para la juventud, pero nadie quiere crecer en estos días y quién puede culparlos? Los juguetes somos nosotros.

2. Los niños a los que enseño casi no tienen curiosidad y la que tienen es transitoria, no pueden concentrarse durante mucho tiempo, incluso en las cosas que quieren hacer. ¿Podés ver una conexión entre el sonido de la campana una y otra vez para cambiar de clase y este fenómeno de atención evanescente?

3. Los niños a los que enseño tienen una pobre sensación de futuro, de cómo el mañana está inextricablemente ligada a la actualidad. Como he dicho antes, tienen un presente continuo, el momento exacto en que se encuentran es el límite de su conciencia.

4. Los niños que enseño son ahistóricos, no tienen idea de cómo el pasado ha predestinado su propio presente, limitando sus opciones, la configuración de sus valores y sus vidas.

5. Los niños que enseño son crueles entre sí, carecen de compasión por la desgracia, se ríen de la debilidad, y tienen desprecio por las personas cuya necesidad de ayuda se muestra muy claramente.

6. Los niños a los que enseño se sienten incómodos con la intimidad o la franqueza. Mi conjetura es que son como muchas personas adoptadas que he conocido en este sentido - no pueden hacer frente a la intimidad verdadera a causa del hábito constante de preservar un yo interior secreto dentro de una personalidad exterior más grande compuesta por trozos artificiales y piezas de comportamiento tomados de la televisión o adquiridos para manipular a los maestros. Debido a que no son lo que representan para sí mismos, el disfraz se gasta en presencia de la intimidad, por lo que las relaciones cercanas tienen que ser evitadas.

7. Los chicos a los que enseño son materialistas, siguiendo el ejemplo de los maestros de escuela que materialísticamente “gradúan” todo - y las figuras televisivas que ofrecen todo en el mundo gratis.

 

8. Los chicos a los que enseño son dependientes, pasivos y tímidos ante la presencia de nuevos desafíos. Esto es frecuentemente enmascarado por jactancia superficial o por ira o agresividad pero por debajo hay un vacío sin fortaleza.